Estaba comiendo un bocadillo de tortilla y un muchacho se sentó a mi lado.

Estaba desaliñado, sucio, con la ropa destrozada, con un fuerte olor y con cara de hambre. Sí el hambre se puede ver, y si es de varios días se puede sentir desde lejos. Entonces empecé a preguntar qué hacía allí, cuántos años tenía, dónde estaban sus padres, etc. Mil preguntas para ver si alguna respuesta me evitaba tener que afrontar la realidad.

Las respuestas no las voy a escribir aquí, pero comprendí que solo había dos opciones: le ayudaba o no.

La mente te puede enviar mil excusas, pero tu corazón sabe que solo hay un camino en situaciones así. Asi que se comió otro bocadillo un vaso de leche y nos fuimos juntos en el coche. Primero a asuntos sociales para informar y luego a presentarle a su nueva familia Denise y Matheo (su hermano) porque en realidad todos somos una familia en este mundo.

Como el aspecto y la cara de Mohamadu ha cambiado en 24 horas es una de las mayores satisfacciones que he tenido en la vida y solo dependía de hacerlo o no hacerlo.

Deniz y Mohamadu

En el 2009 tras conocer la Comunidad de Niños Sagrada Familia en Perú, le decia a una amiga en Madrid con lagrimas en los ojos, "ya sé lo que hay que hacer en la vida, solo me falta el valor para hacerlo."

Y aunque he tomado muchas decisiones importantes desde entonces, el valor del que hablaba aquel día era este, ¿lo hago o no lo hago?.

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Herminio Membrives Rey
Director de la comunidad de niños Yide Bikoue